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#ElSalvador | Carlos Coreas: homenaje a un luchador

Entrevista al ex jugador del Águila que hará el saque de honor en El Salvador-Canadá. Acaba de superar un cáncer de colon. Hoy es un empresario exitoso en Houston.  

Deporte Total USA | Octubre 5 | Claudio Martínez

“Me voy a vivir a los Estados Unidos. Al llegar les llamo”. Ese fue el sorpresivo mensaje de Carlos Coreas a su familia cuando decidió dejar el fútbol y cambiar de rumbo. Tenía apenas 31 años, y una vida, como 12 años, como jugador del Águila, donde recuerda haber jugado en todos los puestos posibles, “hasta de delantero”, comenta.

Carlos, parte de la dinastía de ese apellido que incluye a sus hermanos Luis Abraham, Marcos, Víctor y Salvador, jugaba principalmente como defensa y no le escapaba al roce, tanto el verbal con los árbitros como el físico con sus adversarios.  Por esa razón en Dragón, su último equipo en el fútbol profesional, firmó un contrato en el que le pagaban por partido jugado. “Es que me expulsaban mucho”, recuerda Carlos con su envidiable buen humor. Lo cierto es que cuando fue a cobrar su salario se encontró con una respuesta habitual: “no hay dinero”. Era el impulso que necesitaba para cambiar de rumbo. Se tomó un avión a Nueva York hace 21 años y empezó a escribir otra historia.

Hoy Coreas tiene 52 años, vive en Houston y, junto con su infatigable esposa Loly son propietarios de una constructora llamada C. Coreas Painting, un próspero negocio de remodelación de casas donde le dan trabajo a muchos salvadoreños de la zona.

El próximo domingo, cuando El Salvador y Canadá disputen el partido amistoso en el BBVA Compass, Carlos Coreas será el encargado de hacer un saque de honor. Un detalle de los organizadores que tiene que ver con su trayectoria, por supuesto, pero también con su presente: Coreas es un sobreviviente de cáncer y es una manera de celebrarlo.

“Es una emoción muy grande, estoy halagado por esta oportunidad. Que después de haber estado tan mal de salud pueda escuchar el himno en el engramillado, junto a los jugadores, es algo emocionante”, afirma. “Vendrán muchos amigos que quieren acompañarme y también ver a la selección, que anda pasando un buen momento. Vienen de Dallas, Austin, San Antonio…”

De inmediato, Carlos empieza a contar su calvario, que tuvo un final feliz: “Todo empezó hace un año y medio. Me sentí muy mal, tenía mareos, ganas de vomitar. Fui al médico y me dijeron que tenía un tumor canceroso, me detectaron en el colon el tumor. Me sometí a un tratamiento e incluso estuve tres meses es un centro de rehabilitación. Fue todo muy difícil. Tenía 205 libras y quedé en 120. Me ha costado mucho recuperarme. Ahora estoy ganando peso”.

El tratamiento tuvo sus complicaciones. “Me tuvieron que poner una bolsa porque tuve una infección, la tuve 11 meses. Me dieron sesiones de quimioterapias, unas 16 en seis meses, y me costó recuperarme. Te deja muchas secuelas, te sientes débil, te cansas rápido…Lo bueno es que mi familia me apoyó mucho, incluso mis hermanos vinieron a verme desde El Salvador”, admite hoy, totalmente recuperado.

De ese mal trago aprendió mucho. “Uno valora todo, incluso las cosas que te molestan, porque son parte de tu vida. Salir con mi familia, ver fútbol, ir a las canchas, estar con los amigos. Fueron año y medio de muchas oraciones, de pedir a Dios… La vida normal cambia, lo mismo que la alimentación, la forma de dormir, dependes de la gente que está cerca de ti. Se requiere de una disciplina mayor a la que que quizás tuve cuando jugaba al fútbol profesional”, reconoce.

Disciplina. Palabra clave. “Claro, es fundamental para recuperarte. Se necesita carácter para enfrentar esto. Yo cuando jugaba era disciplinado en el sentido que me cuidaba mucho para poder jugar al fútbol… Ahora en la cancha no, era muy explosivo. Quizás pequé de indisciplinado, me ponía agresivo”, continúa Carlos, que no era muy amigo de los árbitros. “Sí, me expulsaban mucho, a veces por juego brusco y otras por protestar”.  

Aunque después jugó en otros equipos como Fuerte San Francisco, Broncos (Honduras) y Washington Diplomatics (EEUU) y Dragón, Carlos Coreas siempre ha sido y será un símbolo del Águila. “Recuerdo que cuando me contrataron los de Dragón, un dirigente me pidió algo. Me dijo: ‘Quiero que quiera al Dragón así como quiere al Águila’. Le respondí que era un profesional y que iba a defender los colores con mi corazón”.

Indudablemente en Águila pasó los mejores momentos de su carrera, y también algunos de los peores, que hoy recuerda con nostalgia: “Inicié en tiempos de guerra. Casi no entrenábamos, jugábamos temprano y nos regresamos el mismo dia. No había para el hotel, para nada, comíamos en comedores”.

Sin embargo, nunca se olvida la vez que fueron a jugar a San Andrés y de repente el autobús quedó en el medio de un enfrentamiento entre los dos bandos de la guerra. “Quedamos a la suerte de Dios… Todos asustados. Nos tratábamos de cubrir unos con otros dentro del bus pequeño. Cariota Barraza era el entrenador”, rememora.

Tiempos difíciles

De aquellos tiempos también evoca lo difícil que era todo. “Se cobraba mucho menos que ahora, y costaba cobrar…”, dice. Y afirma que en tiempos de guerra estuvo seis meses sin cobrar. “Sí, fueron seis meses sin que nos pagaran. Y siempre jugábamos, no sé cómo, pero sobrevivíamos, la familia nos ayudaban… Y después de esos seis meses, nos dieron 300 colones, que no servían para nada. Pero los tiempos de guerra eran difíciles, todos estaban más o menos igual”.

Cuando el domingo esté a punto de realizar el saque de honor, seguramente Carlos recordará aquellos tiempos en que vistió con orgullo la camisa azul y blanca. “Con la Selección jugué alrededor de unos 60 o 70 partidos. Me hubiera gustado ir a un Mundial. Tuvimos la oportunidad, que se nos escapó en parte por la inmadurez…  Pudimos haber ido a Italia 1990, individualmente estábamos en mejor nivel que Costa Rica y todo”, explica.

“Son cosas de la vida. Milovan me iba a llevar a la Segunda de España, pero al final se vino todo abajo, el problema de la selección, la huelga…”

También Coreas reconoce que estuvo a punto de ir a jugar a la Serie B de Italia. “Cuando jugaba en Washington Diplomats surgió una posibilidad de ir a Italia, pero tampoco se dio. Hicimos un amistoso en el Kennedy con el Olympiakos y ahí me vieron. El club me quería comprar a Águila, que era el dueño del pase, pero no querían”.

Su paso por el Washington Diplomats fue su primera experiencia en Estados Unidos. La segunda fue cuando, ya retirado, “me la vine a jugar aquí”, como él dice. “Al llegar empecé a jugar al fútbol aquí, pero noté que el que se dedicaba a jugar no vivía bien, esto no va, dije. Este país no es para el fútbol. Entonces empecé a buscar algo”, dice Carlos.

 

“En este país si vienes y no has ido a la universidad o no estás preparado tienes que hacer algo manual. Yo me dediqué a la construcción, aprendí todo, y gracias a Dios ahora tengo mi propia empresa. Desde hace 15 años, con la ayuda de mi esposa Loli, armamos esto”, admite. Se instalaron en Long Island, Nueva York, pero desde hace dos años y medio decidieron mudarse a Houston. A él y a Loly luego se le sumaron sus dos bellas hijas, Siumy Marie (11 años) y Naileah Catherine (8). 

Carlos nunca se olvida el consejo que alguna vez le dio su padre. “Él me decía: ‘si vas a hacer algo, hazlo bien’. Siempre he empleado ese consejo de mi papá. Y el fútbol me ayudó con su disciplina”.