La puertorriqueña Mónica Puig escribió su nombre en los libros de la historia del deporte de su país al conseguir la primera medalla de oro en Juego Olímpicos.
Hace una década, Mónica Puig escribió una de las páginas más importantes en la historia del deporte puertorriqueño. El 13 de agosto de 2016, en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, la tenista derrotó a la alemana Angelique Kerber para conquistar la medalla de oro en el tenis femenino.
Puig se impuso por 6-4, 4-6 y 6-1 ante la entonces número dos del mundo y se convirtió en la primera atleta puertorriqueña en ganar una medalla de oro olímpica.
Lo extraordinario de aquella conquista fue que Puig llegó al torneo sin ser cabeza de serie y ocupando el puesto 34 del ranking mundial. En su camino hacia el oro derrotó además a tres campeonas de Grand Slam: Garbiñe Muguruza, Petra Kvitová y Angelique Kerber.
La final ante Kerber se convirtió en un momento inolvidable. Después de perder el segundo set, Puig recuperó el control del partido y dominó el tercero para cerrar el triunfo más importante de su carrera. Al finalizar, celebró envuelta en la bandera de Puerto Rico mientras sonaba “La Borinqueña” en el podio.
Más allá del tenis, aquella victoria tuvo un significado enorme para Puerto Rico. Era el primer oro olímpico de cualquier deporte para la isla, transformando a Puig en una figura histórica del deporte nacional.
Aquel título también representó el único campeonato que Puig conquistó durante la temporada 2016, pero fue suficiente para convertirla en una de las grandes protagonistas de aquellos Juegos Olímpicos.
Diez años después, la imagen de Mónica Puig levantando el oro en Río permanece como uno de los momentos más emblemáticos del deporte latinoamericano, una hazaña que trascendió el tenis y que cambió para siempre la historia olímpica de Puerto Rico.



